Somos personas que hemos recibido una vocación, y al fin y al cabo, ¿qué fue la vocación en nosotros sino una llamada del Espíritu Santo? Nunca es la casualidad ¡no se da la casualidad! Es el Espíritu de Dios que mora en nosotros desde el día de nuestro Bautismo, y de una manera especial desde el día de nuestra Confirmación que es la comunión del Espíritu Santo en nosotros, el Sacramento del Espíritu Santo.
Debemos tener devoción al Espíritu Santo y dejarnos influenciar de El… Es necesario que seamos instrumentos dóciles y fáciles de manejar.
El Espíritu Santo obra en nosotros suavemente. Si nosotros bruscamente reaccionamos contra esa acción del Espíritu Santo no nos santificaremos, pero no será por culpa de Dios, será por culpa nuestra que ponemos óbice, que ponemos obstáculos, que no somos dócil instrumento; somos entonces como esos órganos estropeados, desafinados, que suenan dos teclas a la vez…
Hemos de ser dóciles al Espíritu Santo, dóciles a la acción de Dios en nosotros; que es verdad, que no es una piadosa creencia, es dogma católico que el Espíritu Santo obra en nosotros, permanece en nosotros, vive en nosotros…

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