Sobre Pentecostés

        

 

El Espíritu Santo viene a nosotros, vive en nosotros, ora en nosotros y, como no pongamos obstáculos, obra en nosotros. Y en esa cooperación está el secreto de nuestra santificación.

 

Se han preguntado muchas veces y seguirán preguntando las personas deseosas de perfección, cuál es la síntesis de la perfección, y aunque hay muchas opiniones, hay algo esencial en que todos coinciden, que nadie puede tocar: La cúspide de la perfección, es el amor de Dios. Pues he aquí lo que pedimos al Espíritu Santo.

 

Si el Espíritu Santo enciende en nosotros el fuego del amor, y en nuestros corazones arde el amor de Dios, todas las demás virtudes, se nos darán por añadidura.

 

El amor supera el entendimiento, supera las pasiones, supera los instintos, las dificultades, los enemigos. El amor supera los imposibles.

 

Pedimos amor, fuego, no calor… El calor es un efecto: la causa es el fuego. No pedimos calor que es afectividad, sentimiento, que es emoción del amor, ¡no!, sino ¡fuego creador del calor!, y entonces podremos dar calor a todos los que se acerquen.

 

 

Envía tu  Espíritu  y serán creados. Y renovarás la faz de la tierra. Renovarás la faz de la tierra, TÚ, no yo, no nosotros.

 

Inmediatamente el Espíritu Santo creó en ellos una nueva manera de ser.

 

Del Pedro cobarde hizo un Pedro valiente, y de todos tímidos y miedosos, hombres esforzados; y de hombres rudos, órganos de la infalibilidad y de la inspiración divina, que nos dicen cosas nuevas o sabidas, con una exactitud imposible de obtener por  las fuerzas naturales.

 

Y los Apóstoles, así transformados, se van por el mundo y son instruidos por el Espíritu Santo. Y cuando se esparcen, no lo hacen por propio capricho, sino porque Dios provoca un sin fin de situaciones para que tengan que salir de Jerusalén.

 

 

Pidamos que nos dé a conocer las cosas que son rectas.

           

Para discurrir rectamente tiene que obrar el Espíritu Santo para que nuestras pasiones, nuestros egoísmos, no se contrapongan, porque entonces se interfiere un cuerpo opaco y en lugar de proyectar luz, se proyectan sombras. 

 

 

Conclusión:

 

Cuando se está en la verdad es cuando se goza de la verdadera paz.

 

Y comenzamos a estar cerca de la verdad cuando huimos del egoísmo, de la cabezonería, de aferrarnos al propio juicio.

 

Pidamos al Espíritu Santo que cree en nosotros una persona que quiere servir a Dios, una manera de ser apostólica, para que así comencemos a transformar este mundo.

 

Que sus consolaciones nos aumente la capacidad de trabajo y nos gastemos como una vela por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

 

A.M.D.G. et .B.M-V.

 

    Casa Madre, 1957

Sobre la Ascensión

 

  

1º Atender a Jesús.

 

Jesús lleva consigo a los Apóstoles hacia el Monte, para que presencien su Ascensión. Que no se nos ocurra pensar que esto es solo para las almas exclusivamente contemplativas.

 

 

2º Atender a su propia alma.   

 

Acompañemos a Jesús camino del Monte. En su conversación podemos destacar dos rasgos: uno de Padre bueno; el otro de Redentor.

 

Rasgo de paternidad: “No os disolváis. Permaneced en Jerusalén hasta que venga el Espíritu Santo”.

¡Qué cuidado tiene Jesús con los Apóstoles y cómo sabía que estando juntos la virtud es más fácil, más llevadera!

 

Y un rasgo de Redentor.  Cuando haya venido el Consolador, “Id y predicad por todo el mundo”. A todos, sin distinción.

 

Tratemos de representarnos cómo se quedaron los Apóstoles después de esto, al verlo subir. Esta es la oración de consideración.

 

Fijémonos si no, en lo que hacemos aquí abajo con las personas que amamos. ¿No nos gozamos con sus triunfos?, ¿No participamos de sus éxitos? Verdad que no estamos siempre por mucho que la hayamos ofendido: Perdóname  que te hice esto o lo otro…

 

¿Por qué no gozarnos hoy con Cristo que sube al cielo triunfante y glorioso y decirle por ejemplo: Señor, me alegro de tu triunfo, porque lo ganaste, me alegro de que subas hasta el Cielo, Tú que te humillaste en el pesebre. Me alegro que seas coronado por el Padre Tú que fuiste escupido…

 

Jesús sube al Cielo por su propia virtud desde el pesebre, poco a poco... Nosotros subiremos no por nuestra propia virtud, sino por la escala de Jacob, por medio de trabajos y de cruces.

 

El secreto de llegar hasta donde Dios quiera que lleguemos, está en corresponder cada día a cada gracia. ¿Dónde estaríamos a estas horas si hubiéramos correspondido a todas las gracias?  

 

Pensemos que Jesús, que dejó el cielo por nosotros, sube ahora para “prepararnos morada”; desde antes de nacer tenemos preparado sitio: ¿estamos ahora en disposición de ocuparlo?

 

3º Atender a las almas.

 

Tenemos que darnos cuenta de lo importante que es tener un alma entre las manos.

Esa alma como todas, ha sido rescatada con la sangre de Cristo y tienen un lugar preparado en el cielo. Si queda vacío, ¿por quién fue?

 

Es tanta la necesidad que es imposible no acudir a remediarla en la medida de nuestras fuerzas.

 

¿Hay la abnegación necesaria para las almas? ¿Hacéis por ellas todo lo que podéis? Si es así, nada. Si no, estáis a tiempo de enmendaros.

 

Resumiendo: Un buen cristiano tiene que contemplar a Jesús, atender a su propio perfeccionamiento correspondiendo cada día a la gracia y ser apóstol preocupándose de las almas.

 

Venerable Doroteo Hernández Vera

Mayo 1940



Convivecia - Salamanca mayo 2024

Hemos vivido un fin de semana de encuentro en nuestra Casa de Salamanca, junto con nuestras mayores. 

Unos días para convivir, rezar, reir, reflexionar, compartir, programar, crecer... juntas.

Y de vuelta cada una a su misión. Distintos lugares, pero un mismo espíritu.

"Del diálogo con Dios, al diálogo con el mundo." (Constituciones, Art. 28)


En el Aniversario de la apertura del Hospital Universitario Hernández Vera, nos acercamos a conocer como era en el año 1968, así como sus orígenes, contamso por la misionera María Luz Almendros, gracias a estas imágenes de un reportaje de la época. 



Conociendo nuestras raíces

¡Qué fin de semana!

 

Hemos vivido el Encuentro de personal de Centros del ISCE y ha sido una gran experiencia, de esas que seguiremos comentando centros de muchos años y volviéndonos a reír juntos de las anécdotas.

 

Un fin de semana intenso, en buena compañía, en el que hemos querido profundizar en nuestros orígenes.

Nos hemos juntado personas de Madrid, Salamanca y Santander en la ciudad que nos vio nacer como Institución, en la tierruca.

Viernes de acogida, detalles, cena compartida…

Sábado de madrugón, autobús con concierto, “pasito” a Liébana, pasar por la puerta del perdón, misa del peregrino,, Cocido en Fuende Dé, espectaculares paisajes, precioso Potes, corbatas de Unquera, pisar la arena del sardinero, cena…

Domingo de conocer la lluvia de Santander camino del Faro, Catedral, Compañía, Casa Madre, Misa en familia, comida, kahott, “algo se muere en el alma”.

 

¡Gracias a todos por tanto! 

 

Sigamos creciendo juntos siguiendo el ejemplo que nos dejó el Venerable Doroteo Hernández Vera.



Visita del Excmo. Rvdo. Sr. Obispo de Alcalá

Recientemente ha venido a visitarnos a nuestra Residencia materno infantil, en Coslada, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la diócesis de Alcalá, d. Antonio Prieto Lucena. Ha visitado nuestra capilla, rezando ante la cripta donde se encuentran los restos de nuestro Fundador y también ante la de Ascensión Sánchez.  Con gran alegría por nuestra parte, nos ha prometido volver para conocer con más calma nuestro Centro Infantil Mamá Juanita  asi como el Colegio Doroteo Hernández.



¿Qué son los Institutos Seculares?

“Os halláis en una misteriosa confluencia entre dos poderosas corrientes de la vida cristiana, recogiendo riquezas de una y de otra. Sois laicos, consagrados como tales por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, pero habéis escogido el acentuar vuestra consagración a Dios con la profesión de los consejos evangélicos aceptados como obligaciones con un vínculo estable y reconocido. Permanecéis laicos, empeñados en el área de los valores seculares propios y peculiares del laicado (Lumen gentium 31), pero la vuestra es una «secularidad consagrada».”

 

Pablo VI. Discurso a los Responsables Generales de los Institutos Seculares, 20 de septiembre de 1972

Conoce más en la web de la Conferencia Española de Institutos Seculares