Cuando Dios llama... y con su gracia, se responde para siempre.
Desde el corazón del Congo, hoy celebramos una vida entregada sin reservas.
Una joven que ha dicho “sí” para siempre, sellando su consagración
perpetua.
Un “sí” que no es renuncia…
es plenitud.
Un “sí” que no es pérdida…
es amor llevado hasta el extremo.
En un mundo que teme el compromiso, su vida grita que vale la pena darlo todo.
Desde aquí, nos unimos a su alegría, a su entrega y a su misión.
Porque cada vocación es un regalo… para toda la Iglesia.
Que su fidelidad nos despierte, nos cuestione… y nos invite a escuchar la llamada.

Escribir comentario