“(…) si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor.” J 12, 24-26

Hoy, refiriéndose a la vida de Genoveva, sin duda, podemos decir con San Pablo: “Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí. Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante es el amor.”

Genoveva Hernández Alonso, nació en Almanza (León) el 21 de diciembre de 1917. Persona de extraordinarias cualidades humanas y finura espiritual, como maestra que fue, al ingresar en el Instituto definido por su Fundador como “escuela de santidad” en el año 1938, donde profesó en el año 1946. Fue una de las primeras cruzadas que dieron comienzo a la obra para mayor gloria de Dios. Profundamente enamorada de su vocación de cruzada se entregó, sin reserva, al servicio de Dios en una vida de apostolado en gran fidelidad a la Iglesia.

Los miembros de la Cruzada Evangélica están muy agradecidas a Dios por el don de la vida de Genoveva y a ella por su intachable fidelidad al carisma y espiritualidad del Padre Fundador, a quien siempre supo entender y seguir. Fue su eficaz colaboradora, llevando a la práctica diligentemente su pensamiento e iniciativas con sumo acierto y delicadeza.

Fue una hija fiel del Padre Fundador y del Instituto. Podemos decir que las palabras que deja escritas don Doroteo para sus hijas, Genoveva las cumplió con exquisita exigencia:

 “Todo hace pensar que las Cruzadas en el curso de la vida han recibido bien del Instituto, y en la ancianidad se vuelca el Instituto en amor, te une a sus intenciones, te encomienda sus problemas y te hace partícipe de su vida. Ama, pues, al Instituto y enseña a las jóvenes a amarlo”.

 Siendo la Directora General desde el año 1954, sirvió a las cruzadas guiando al Instituto en un espíritu de maternal autoridad, hasta el año 2002, cuando renunció ser reelegida para el mismo cargo por su avanzada edad.

Fue testigo del nacimiento de la Cruzada Evangélica en tierras misioneras en las regiones de Bolivia -  Perú y R.D. del Congo – Zambia. Como Directora General realizó varios viajes a las misiones acompañando al Padre Fundador y sobre todo a las cruzadas misioneras, y pasado el tiempo, a las cruzadas nativas de ambos continentes. Para ellas siempre tuvo un lugar privilegiado en su corazón y en sus oraciones.

Guardiana del espíritu del Instituto y del Archivo General, donde como reliquias conservaba los documentos del Padre Fundador e históricos de la Cruzada Evangélica, Genoveva, fue testigo privilegiado y clave en los dos procesos de la Canonización de los Siervos de Dios: Doroteo Hernández Vera y Ascensión Sacramento Sánchez Sánchez, con los que había convivido. Sus valiosas declaraciones en ambos procesos son un verdadero tesoro tanto para la Institución como para la Iglesia. 

Como consagrada secular, Genoveva no escatimó nunca en el tiempo ni trabajos para dar a conocer esta vocación dentro de la vida consagrada. Participó activamente en los trabajos de los miembros de los institutos seculares a nivel mundial y nacional, siendo testigo de la creación tanto de la CMIS como de CEDIS. Su gran preocupación en este sentido fue saber trasmitir dentro de la Iglesia y del mundo la autenticidad y radicalidad de la vocación de un miembro de instituto secular.

Siempre buscando su propia santidad, jamás dejó de preocuparse por la santidad de los demás. Mujer de “palabra oportuna” definida así por uno de los Obispos que la conocieron, Genoveva para muchos es el icono de libertad de espíritu. El olvido de sí misma, como tónica de su vida, le permitía tener para las demás palabras que edificaban verdaderamente, que corregían con frecuencia, y que estaban llenas de caridad siempre.

Al partir a la casa del Padre ha dejado un legado riquísimo de ejemplo de una vida cristiana y consagrada secular. Buscando siempre la vida de perfección y fidelidad al espíritu y carisma de la Cruzada Evangélica, ahora celebrando esta Eucaristía, estamos seguros que alcanzó su ideal de ser santa y que Dios le ha recibido con su paternal abrazo premiándola con la vida eterna.  

Encomendémosla en nuestras oraciones pidamos su intercesión por nosotros delante de Dios Padre porque: “No ocultamos nuestro miedo a la muerte, pero Tú nos esperas al final del camino. Tú eres el descanso para el que ha trabajado duro, el reposo tras la dura lucha de la vida. Tú, que resucitaste a Jesús, eres la esperanza de nuestra resurrección”.

 


Genoveva Hernández Alonso, nació en Almanza (León) el 21 de diciembre de 1917. Persona de extraordinarias cualidades humanas y finura espiritual, ingresó en el Instituto Secular Cruzada Evangélica en el año 1938, donde profesó en el año 1946.

Fue Directora General de la Cruzada Evangélica durante 48 años, desde su elección en el año 1954 hasta la renuncia por su avanzada edad, al ser reelegida para este cargo en el año 2002. Fue nombrada por la Asamblea General en el mismo año, como miembro vitalicio del Consejo General de la Cruzada Evangélica.

Durante el Congreso de los II.SS. celebrado en Roma en el año 1970 fue elegida como representante de la lengua española para la Comisión Internacional a la que se confió el mandato de preparar los Estatutos de un organismo permanente creado en el año 1972 bajo el nombre Conferencia Mundial de Institutos Seculares (CEMIS). 

En el año 1991 fue nombrada por el Santo Padre, Juan Pablo II, consultora de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.  

Al partir a la casa del Padre ha dejado un legado riquísimo de ejemplo de una vida cristiana y consagrada secular. Buscando siempre la vida de perfección cristiana estamos seguros que alcanzo su ideal de ser santa y que Dios le ha recibido con su paternal abrazo premiándola con la vida eterna.