ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GENOVEVA HERNÁNDEZ

                                                                       COSLADA, 12 de ABRIL de 2018

                                                           Jueves de la segunda semana de Pascua

 

 

Hechos 5, 27-33

Salmo 33

Juan 3, 31-36

 

             Celebramos esta Misa en el primer aniversario de la Muerte de Genoveva Hernández. Como Dios tiene todas las cosas presentes, esta celebración de la Eucaristía en el día de hoy, el Señor la tiene, la tuvo y la tendrá presente en su instante eterno y por eso, al ofrecerla por Genoveva, somos conscientes de que la tuvo en toda su vida y en la hora de su muerte.

            La carta a los Hebreos nos exhorta a que nos acordemos de quienes han sido nuestros guías, y teniendo en cuenta cómo terminaron su vida, imitemos su fe (Heb. 13, 7) Unidos a todas las Cruzadas de la Cruzada Evangélica y en la comunión de los santos, recordamos –que recordar es traer al corazón- cómo terminó su vida, tanto ella como los Siervos de Dios, Doroteo Hernández y Ascensión Sánchez, para imitar su fe.

            Y si la Eucaristía es la Acción de Gracias, añadimos a esta acción de gracias nuestra gratitud al Señor porque estos Siervos de Dios, cuyos restos reposan cerca de este altar, no sólo intentaron santificarse, sino oblacionarse por el reinado de Dios en la Cruzada Evangélica, que Cruzada viene de cruz y Evangélica de Evangelio, y Genoveva los tuvo a ellos como modelos y referencias para su vida, de tal forma que fue la primera que escribió la vida de Ascensión y transcribió los recuerdos de Don Doroteo.

            Y nos consuela saber, aunque notamos su ausencia, que el Señor dijo: “El que cree en el Hijo, posee la vida eterna”. Ellos en la eternidad y nosotros en la tierra y en el tiempo, pero al creer en Jesús ya poseemos en ciernes la vida eterna.

            Como los apóstoles, también ellos fueron testigos de Nuestro Señor, al igual que queremos también ser nosotros discípulos suyos y, a pesar de los pesares, los primeros mantuvieron en su vida que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

            En estos días, en que leemos la Exhortación del Papa Francisco sobre la Santidad, me llama la atención unas cuantas coincidencias en ese texto con la vida de Genoveva y su testimonio de vida.

            Dice el Papa: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente…” y en la enumeración escribe: “… en las religiosas ancianas que siguen sonriendo”. Hay que entender por religiosas también las consagradas. Y el rostro que recordamos de Genoveva, bien anciana, era siempre sonriente. Y lo dice en el mismo párrafo en que define la “santidad de la puerta de al lado” y “la clase media de la santidad” (n. 7)

            Dice el Papa: “… me interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas quienes, cada una a su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de su testimonio” (n. 12) Y a nosotros nos interesa recordar a Genoveva, desconocida para el gran mundo, pero que ha sostenido y transformado con la potencia de su testimonio a tantas familias a las que atendió y a la familia de la Cruzada Evangélica, con su incansable servicio.

             Dice el Papa: “Esta santidad a la que el Señor te llama, irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: “No, no hablaré mal de nadie”. Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada, se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso”. (n. 16) Y todos estos pasos los podríamos recordar en Genoveva. Nunca le oí hablar mal de nadie. Se sentaba con paciencia y afecto a escuchar cualquier fruslería. Tomaba el Rosario y rezaba con fe. Conversaba con los y las pobres con cariño.

             Dice el Papa: “Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto du su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona”. (n. 22) Si miramos a la totalidad de la persona, concluimos que Genoveva quiso vivir en su fidelidad a Jesucristo y aunque no todo lo que dijera fuera a Misa, y como hasta el justo peca siete veces, hoy también, al pedir perdón por las faltas que hubiera podido cometer por la fragilidad humana, no tratamos aquí de dar culto alguno, prohibido por la Iglesia, sino extractar aquello que nos hace bien de su vida, para imitar su fe.

             Dice el Papa: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión”. (n. 26) Recordamos cómo Genoveva sabía compaginar oración y acción, actividad y contemplación, espiritualidad y misión, amor a Dios y servicio a los hermanos.

             Dice el Papa:

            “Ser pobre en el corazón, esto es santidad” (n. 70)

            “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad” (n. 74)

            “Saber llorar con los demás, esto es santidad” (n. 76)

“Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad” (n. 79)

“Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (n. 82)

“Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad” (n. 86)

“Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad” (n. 89)

“Aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque nos traiga problemas, esto es santidad” (n. 94)

 Si estuviéramos en una mesa redonda, podríamos recordar de cada una de estas bienaventuranzas, algunos dichos y hechos de Genoveva, pues sólo con la enumeración, ya lo íbamos recordando.

 Dice el Papa en distintos titulines: Aguante, paciencia y mansedumbre (nn. 112-121) Alegría y sentido del humor (nn. 122-128) Audacia y fervor (nn. 129-139) En comunidad (nn. 140-146) En oración constante (nn. 147-157) Y también podríamos establecer turnos de explicarnos y aplicarnos esos criterios de discernimiento, para mirarnos como en un espejo en ellos y comprobar las coincidencias y diferencias de nuestra vida, a la vez que también podríamos comprobar las coincidencias de Genoveva con cada titulín y su correspondiente desarrollo. Lo mismo que sobre El combate y la vigilancia (159-165) y El discernimiento (166-175)

 Y también nosotros hoy, acudimos a Santa María, como en toda la cincuentena pascual y en toda nuestra vida, para que nos consuele, nos libere y nos santifique. (n. 176) Porque, como hemos leído en la conversación nocturna de Jesús con Nicodemo: “El que Dios envió habla las Palabras de Dios, porque no da el espíritu con medida”, es decir, el Señor, el enviado y nuestro Enviador, nos da el espíritu sin medida, que la medida del amor de Dios es la de amar sin medida, como San Anselmo y San Agustín han coincidido en enseñarnos.

 Con ocasión de este primer aniversario de la muerte de Genoveva, su nacimiento para la vida eterna, hemos repasado su vida y la nuestra con el desarrollo de la tercera exhortación del Papa Francisco, esta vez sobre la santidad. Y pedimos al Señor tener los mismos deseos de santidad que tanto el Papa Francisco desea para nosotros como somos conscientes que esos deseos estaban también en el corazón de Genoveva, y que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que ahora Él mismo ofrece al Padre, en la unidad del Espíritu Santo, nos alimenten en esta mesa de la Eucaristía, hasta gozar –con todos los que nos han precedido- en la mesa del banquete de su reino. Amén.

 

 

 

            

Unidas en oración...agradeciendo y recordando en Primer Aniversario de la Partida a la Casa del Padre de GENOVEVA HERNÁNDEZ ALONSO

"(...) y pedimos al Señor tener los mismos deseos de santidad que tanto el papa Francisco desea para nosotros como somos conscientes que esos deseos estaban también en el corazón de Genoveva, y que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que ahora él mismo ofrece al Padre, en la unidad del Espíritu Santo nos alimenten en esta mesa de la Eucaristía, hasta gozar  - con todos los que nos han preceddido - en la mesa del banquete de su reino...."

de la homilía de Mons. Joaquín Martín Abad.



"Desde aquí unidas al ISCE en este día. Tuvimos misa con varios sacerdotes (...) y la misa fue ofrecida por Genoveva. Participaron las chicas del Internado. Tenemos otro modelo muy cercano a seguir. Genoveva nos muestra que SI es posible desde la sencillez encarnar y vivir el espíritu que nos dejó nuestro Padre. ¡Que ella nos ayude desde el Cielo!"

las Cruzadas de Yotala


La Eucaristía celebramos a las 6.00 de la mañana, quizás la primera por nuestra querida Genoveva! ¡Que Dios la pague tanto que África la debe, que es mucho y CADA una de nosotras, las Cruzadas!

las Cruzadas de Kilela Balanda R.D. de Congo


12.04.2017. Recordando...