Oración en el HUERTO DE LOS OLIVOS

Siervo de Dios, Doroteo Hernández Vera


Imaginémonos al Señor que dice: “Mi alma está triste hasta la muerte. Si es posible pase de mí este cáliz”.

Supliquemos al Señor la gracia de acomodarnos a su divina voluntad como expresión la más clara del amor que le tenemos. (…) Dolor inmenso de Jesucristo en el Huerto, afectivo y psicológico: no existe la corona de espinas; no existe la cruz, la lanza, las befas y escarnios de los sayones, el griterío de la muchedumbre, no existe la cobardía de Pilatos, la traición de su pueblo, el desprecio para Jesucristo al pie d ella cruz; el abandono de los discípulos aun no existe (…) por adelantado vive toda la Pasión.

Cuando vamos a ser sometidos a una operación, por adelantado sufrimos lo que va a venir. Esto es nuestro caso.

Representémonos a Jesucristo con la aprehensión, previsión de todo lo que le espera en aquel día, desde el Jueves Sto. hasta que rinda su alma a la muerte. Lo ve con una viveza, que no lo podemos ver nosotros. Nosotros tenemos el: “Quién sabe si este conflicto se podrá evitar”. El Señor con conciencia infalible preveía que habría de pasar. Nosotros no vemos las cosas en su realidad. Lo que va a sufrir Jesucristo es horriblemente mucho, y, exactamente con ciencia infalible prevé lo que va a sufrir tal y como lo iba a sufrir. Ir pasando las cosas una a una es pasarlas poco a poco; pero Jesucristo las pasó todas de una vez y las pasó todas juntas. En el orden del espíritu si pasó primero en la Pasión por la humillación de ser atado como un facineroso, de ser escupido, tratado por loco por Herodes, comparado a Barrabás, pospuesto, en el Huerto todo a la vez lo fue sufriendo.

El Señor que tenía una inteligencia más fina que cualquier mortal lo vio por adelantado: sus carnes desgarradas por los azotes, su cabeza coronada de espinas; sus manos traspasadas por los clavos; la lanza, aquellos desprecios, y por todo la naturaleza humana se sintió débil (no que se rebeló) y dijo: “Es espíritu está pronto, pero la carne es flaca”) Esta frase es un retrato de cómo estaba. En pugna con la repugnancia de la naturaleza, reacción y Jesucristo, en lugar de regodearse en el sufrimiento y ahondar en la previsión de futuros dolores, hizo lo que nosotros tenemos que hacer cuando preveamos sufrimientos ya que no podamos hacer más: acudir a la oración. Y puesto en agonía decía con congojas de muerte: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad sino la tuya.” Jesús, ha experimentado por adelantado el dolor de toda la Pasión y esto le destruye su naturaleza humana y llega a sudar sangre. ¡Qué horroroso debió ser el sufrimiento de Jesucristo! No nos extrañe que suframos. Dios no ha mandado que seamos estoicos. Es perfectamente natural que sintamos las cosas, que nos duelan, que tengamos dolor físico y mortal ante la injuria, desprecio, humillaciones, sarcasmo y calumnia. Es natural que nuestro cuerpo o alma sufra o que al prever lo que va a sufrir, tengamos pena: si no seríamos como los budistas. No es esta la doctrina cristiana: Jesús ha dicho: “Quien quiera venir en pos de Mi, tome su cruz y sígame”

¿Qué ha hecho Jesús para verse en la agonía? Sólo una cosa: tomar sobre si la responsabilidad de nuestros pecados; salir fiador ante su Eterno Padre y comienza esta Pasión sudando sangre después de ser prototipo de la fortaleza: voluntad recia inteligencia serena, cuerpo fuerte, con aquella naturaleza robusta, pero hecha también para el sufrimiento…

Cristo está triste y tu quieres vivir riendo, disipada, quieres que tu vida sea de contentos y gustos. Cristo está triste con agonías de muerte, ¿por quién? Por Él no, por ti, por mi, por los pecados del mundo. Que yo tolere los sufrimientos por mí, bien, pero que Cristo padezca, por nosotros sus ofensores, sus verdugos… Esto es sufrir fino, motivo que nos ha de mover a amarle. ¡Señor que en el Huerto sufriste todo por mí; sudaste sangre por mí, por mi amor tanto sufrimiento ¿cómo no te amo aún, cómo no me duele de mis pecados?!

¡Te regateo el amor con un poquito de agua bendita! Debemos sacar espíritu de amor y correspondencia, porque si tanto ha sufrido justo es que suframos por Él. Fijaos qué oración: SI ES POSIBLE, si no, nada. Con frecuencia queremos imposibles, pasar la vida sin dolor, sufrimiento, contradicción, amargura, eso no es posible ni físico ni psicológica, ni sobrenaturalmente. (…)

No es posible que seamos inmunes al dolor: Cristo no era así: hemos de hacernos a la idea de que hemos de padecer, pero de poco a mucho hay diferencia y esto si podemos decir: “Si es posible pase de mí este cáliz”. Tal vez no me convenga, tal vez me lo has enviado directamente por Ti para que aprenda a amarte. Cuantas veces dolores y sufrimientos que de momento dejan medio muerto, a la larga o al a corta vemos que son un verdadero mimo de Dios. Tenemos la vista tan ciega que no sabemos mirar a lo lejos; sin embargo tal sufrimiento, Él sabe que nos conviene. ¿Qué serían los mártires, sino hubieran sufrido tanto? También a ellos les costó el martirio: algunos se volvieron atrás. Si los santos confesores no hubieran sufrido tanto, no estarían en los altares. ¡Cuántos sufrimientos son mimos de Dios y los grandes medios que Dios nos da para salvarnos y santificarlos. Quizá no queremos hacer penitencia y dice el Señor: Pues ahí la tienes.

Otras cosas que pudieran ser posibles en los planes de Dios sobre nuestras almas no son posibles. “No se haga mi voluntad sino la tuya”. Nosotros, que andamos buscando intermediarios. Jesús no necesita intercesores, y le dice a su Padre: Hágase Tu voluntad. Queremos que Dios se acomode a nuestra voluntad y le decimos: Que bueno eres porque me das gusto, porque te acomodas a mi voluntad. ¡Qué pocas son las almas que dan a Dios la bienvenida cuando las visita en forma de enfermedad, etc.

Ante el sufrimiento debemos acudir al Señor con fe: Si me conviene alivia mi dolor y si no me conviene dame fuerzas, Señor.

Jesús se levantó decidido, y con valentía divina le dice a Judas: “Amigo, ¿a qué has venido? Y a los soldados con garbo divino ¿A quién buscáis? Le dice a Judas: Eres amigo porque me vas a facilitar el redimir al mundo. Nosotros que ponemos esas caras largas de miércoles de ceniza ante alguna contrariedad… ¡Todavía no hemos sudado sangre!

Jesucristo todo lo sufre por amor. El no tenía nada que pagar. Por mí, porque me amaba, por esto padeció. No queremos sufrir y decimos que amamos: nuestro amor es una mentira. Estemos dispuestos a sufrir que en esto consiste la virtud. Mentira es el amor que no se acomoda a la voluntad divina. Verdadero es el amor que dice: No quiero tener otra voluntad que la Tuya: Hágase Tu voluntad.

D.H.V.

(Madrid, Ejercicios, 1946)