Jesús ante Herodes

Siervo de Dios, Doroteo Hernández Vera


Jesús ante Herodes, calla, no responde. Herodes quiere ver un milagro con espíritu de curiosidad, y le interroga.

En sus manos estaba también librarle. (Y parece que quería) Pero es impuro y los ojos de Jesús no le miran. ¿Y no era este Jesús el que se dejó besar los pies y bañarlos con las lágrimas de la Magdalena, el que se sentó junto al pozo a esperar a la Samaritana, el que defendió a la adúltera? ¿Cómo se explica, que Jesús se hallase tan amante de esos casos, y ante este hombre ni mira siquiera? Es que aquellas mujeres eran arrepentidas y Herodes encenagado y confirmado en el pecado. Por esto Jesús calla.

Jesús perdona al alma arrepentida. ¡Y qué bien paga Dios al alma que ha pecado y se arrepiente! El cuerpo no, pero el alma puede ser purísima, inmaculada, de las almas seleccionadas. El arrepentimiento en esta materia sirve para ganarse el amor y el afecto de Jesús. También para toda clase de almas vale esto, que aun cuando un hombre no acepta a una mujer manchada, Jesús si…Herodes, trata a Jesús de loco… Somos locos para el mundo, cuando hacemos sus locuras. Me contaron un hecho histórico de dos hermanos de Santander, uno de ellos trastornado. El cuerdo no pudiendo tolerarle más, engañado le llevó a Valladolid, al Sanatorio. Ya dentro del sanatorio, el loco se dio cuenta de lo que su hermano pretendía y le dijo al Doctor señalando a aquel: “Este como no sea por la fuerza no se queda…” He aquí lo que sucede: los del mundo locos para nosotros, y nosotros ellos. Pero sigamos con la locura de amar a Jesús. Sta. Teresa dice, que el amor hace locuras. ¡Jesús loco! Tan loco que moría por los que le crucificaban y por todos, aun sabiendo que para muchos iba a ser infructuosa su Pasión. Y Herodes le devuelve a Pilatos. Este le manda azotar… el pueblo le pospone a Barrabás, pide su muerte, y Pilatos temblando ante aquel pueblo, se atemoriza y dice: es preferible que muera este solo hombre y no que mis soldados tengan que salir a la calle y perecer muchos (aquello de Caifás: es preferible que muera un hombre solo, etc.) Y se lava las manos. Pero los judíos no podían hacer nada si Pilatos no firma la sentencia. Pilatos ve que Jesús es inocente, y sin embargo firma ¡qué cosas se dan! Así nos ocurre a nosotros: nos conmovemos en la meditación, sacamos conclusiones, nos lanzamos a Dios, y después ¡qué falta de lógica cuando vamos a la práctica! Pilatos comprende que no puede hacer aquello, pero si no le van a acusar al César… Y le sentencia como ellos quieren; de muerte de cruz, entre dos ladrones, desnudo su purísimo cuerpo, como el más vil de los hombres. ¡Qué contradicción, qué falta de lógica en Pilatos! Si no somos santos, es porque no somos lógicos, porque nunca llevamos a realidades los propósitos que forjamos. Trazamos unos caminos tan de Dios y si hiciéramos la mitad… ¡si recordáramos los primeros ejercicios vosotras y yo! A mí me da vergüenza ahora de hacer propósitos: el único que hago es el de cumplir los propósitos que he hecho. Hay un gran desacuerdo entre lo que pensamos y lo que hacemos. Esto es muy humano, pero muy lamentable. En esto consiste la santidad: en que lo que hemos visto claro lo hagamos. Esta es la diferencia entre un alma santa y otra adocenada; entre una consagrada santa y otra vulgar.

Parece mentira, que Pilatos reconociera la inocencia de Jesús y que incluso le hubiese llegado a estimar y que después de aquel concepto grande que se había formado y a pesar del recado de su mujer, le condene.

CONCLUSIÓN: que no imitemos a Pilatos, que no hagamos caso de los juicios de los hombres (discurren muy mal). Fomentemos nuestra locura de hacer cosas por Dios y para Dios y hacer propósitos y cumplirlos. Debe estar el Señor cansado… Nos parecemos a un arquitecto, que tiene proyectos para hacer un palacio y construye una choza. Yo he rasgado todos los propósitos. Me da vergüenza. Parecen propósitos de santos y somos unos pobres…

Pidamos al Señor la gracia de ejecutar los propósitos, porque sino todo nos servirá para dar más estrecha cuenta.

Determinémonos con decisión decidida a practicar esos santos propósitos.

D.H.V.