El amor y devoción a María

que vivió intensamente don Doroteo es una de las claves de su camino hacia la santidad. En toda su vida se percibe esa presencia escondida y silenciosa de la Madre de Dios, que en algunos momentos se hace manifiesta y rebosa al exterior. Este amor y devoción que don Doroteo profesa a la Virgen encuentra su expresión concreta en la advocación de María Inmaculada. A ella dirigirá sus afectos más entrañables, acudirá con sus preocupaciones, confiará sus actividades apostólicas y pedirá su intercesión sobre el Instituto.

 

 

«Procuremos hacer todas las cosas por María, con María, y como María, y de este modo todas ellas serán gratas a Jesús. Vayamos siempre al hijo por medio de la Madre, y como Santa Teresa al perder a su madre la escogió como tal, podremos exclamar: “Ya que tú eres mi verdadera Madre, quiero portarme como verdadera hija”».

 


Carta desde la prisión

Doroteo Hernández Vera


Esta carta fue escrita por el Siervo de Dios cuando creía que iba a ser ejecutado en la persecución religiosa en España durante la guerra civil años 1936 - 1939.

Estando el Siervo de Dios prisionero por ejercer su ministerio sacerdotal pensando con toda la seguridad que su muerte es inminente, dirige a las personas que él había atendido espiritualmente para despedirse de ellas y alentarlas a seguir firmes en la fe en Cristo, en aquellos difíciles momentos de persecución y siempre.

Encontramos en ella una síntesis de la espiritualidad del Siervo de Dios. Que podemos denominar como una santidad apostólica que une santidad anclada en la caridad con el prójimo. 

 

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Al servicio del Evangelio...

Somos consagradas completamente a Cristo y formamos una familia en la Iglesia Católica.

Desde nuestra consagración secular, siendo fieles al carisma y desde nuestra espiritualidad, queremos dar respuestas ante las situaciones difíciles y las necesidades, que surgen en la sociedad de cada época. Para ello vivimos en el mundo y a través de nuestras profesiones en el campo sanitario, educativo y social llevamos a cabo esta tarea para vivir aquel mandato:“Id y anunciad el Evangelio”.  Para hacer más eficaz esta labor, a parte de nuestro trabajo individual, abrimos centros especializados de atención social, escuelas, hospitales, etc. donde uniendo nuestras fuerzas a través de equipos de vida fraterna, queremos hacer presente el amor de Cristo y de su Iglesia en el mundo.